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Los obreros moleculares de la vida: Los ribosomas

Sabemos que la biología es la ciencia de las diferencias y las similitudes. En esta entrada vamos a introducir y vislumbrar una estructura que es indispensable para cualquier organismo, cualquiera sea su complejidad. Por supuesto, estamos hablando de los ribosomas.

Los ribosomas no son simples moléculas. Tampoco son estructuras de membrana como las famosas mitocondrias o el núcleo celular (ambos considerados organelos), sino que son más bien un intermedio: un complejo macromolecular. En rigor, se los consideran ribonucleoproteínas, ya que están conformados tanto por ARN (ácido ribonucleico) y proteínas, pero no nos mareemos con tecnicismos o jerga científica y viajemos juntos por el torrente celular.

Traductores por naturaleza

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Si están presentes en cantidades industriales tanto en una bacteria como en una célula muscular de un mamífero, entonces los ribosomas deben tener una función vital. Y sí que la tienen. La información genética que define a un ser vivo está codificada en la famosa molécula de ADN: la doble hélice.

La clave de la información está en el orden secuencial de los bloques que conforman a la molécula de ADN. Así, algunas enfermedades genéticas surgen porque ese orden se ve desacomodado, habiendo menos o más bloques de lo normal. La molécula de ADN es realmente magistral, pero en sí misma es una molécula inerte, necesita de otros compañeros moleculares para expresarse y así llevar a cabo las funciones celulares.

Los ribosomas no son ni más ni menos que intermediarios: son los encargados de leer información genética y traducirla en información proteica. Recordemos que son las proteínas las encargadas de realizar todos los quehaceres celulares, ya sea catalizar reacciones, transportar moléculas, promover y llevar a cabo la división celular, entre muchísimas otras funciones.

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Entonces, los ribosomas se encargan de leer un lenguaje, interpretarlo y traducirlo en otro completamente diferente. Este proceso de traducción en realidad no lo hace sobre la molécula de ADN, sino sobre un intermediario mucho más corto, el cual se denomina transcripto.

El lenguaje genético está formado por cuatro componentes (cuatro letras si se quiere), mientras que el lenguaje de las proteínas está formado por 20, es decir, la naturaleza de estos lenguaje es totalmente diferente. La dilucidación de este intrincado sistema derivó en lo que se conoce como el código genético, descubierto allá por la década del 60. El código genético es la correspondencia entre ambos lenguajes mencionados. Resulta impresionante que este sistema fue conservado a lo largo de la evolución. A fin de cuentas, compartimos el mismo lenguaje genético con todos los seres vivientes. Por último, aquí en este video podeis comprender los mecanismos de este proceso.

 

Sobre Ana María Gallardo Suárez

Profesora de Secundaria en la Especialidad de Biología. Actualmente pertenezce al Departamento de Biología del IES Alto Guadiato de Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba), si bien, ha ejercido su labor docente en diferentes institutos de Málaga, Cádiz y Córdoba. Además es una entusiasta de la tecnología, y convencida de las ventajas del uso de las TICs en nuestro sistema educativo.

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